People's Park en Chengdu: Té acrobático y mercado de citas
Reencontrarse con amigos alrededor del mundo ha sido de las mejores cosas que me ha dado vivir en distintos lugares.
Era un martes en la mañana cuando mi amiga Amy me llama para decirme que viajaría a China la semana siguiente.
Un viaje de negocios, cero ocio, cero tiempo libre.
Aun así, llevaba más de un año sin verla y la idea de tenerla en el mismo país que yo fue suficiente para reservar mi vuelo sin pensarlo dos veces.
Chengdu es la capital de los pandas, ¿quién no querría ir?
Lo cierto es que Amy sí estuvo muy ocupada y casi no tuvimos tiempo juntas.
A veces basta un par de horas con una amiga para hacer un reality check, ponerse al día con proyectos y aligerar la cabeza.
Era mi primera vez en Chengdu y Amy me recomendó ciertos lugares, así que me levanté temprano con la intención de aprovechar el día al máximo.
People’s Park era mi primer destino.
Un parque enorme en una de las zonas más turísticas de la ciudad.
Fui sin saber qué esperar.
Mi trabajo me mantiene ocupada y eso de planear cada detalle del viaje no es lo mío.
Así que confiar en amigos y en recomendaciones de Xiaohongshu es mi go-to.
Apenas entré al parque, me encontré con un grupo de la tercera edad bailando en plena plaza, mientras otros jugaban ajedrez chino, mahjong o cartas.
La tercera edad en China se ve maravillosa, muy activa, muy independiente.
Después de quedarme un buen rato observando, seguí caminando hacia el jardín de bonsáis, justo al lado de unas terrazas donde venden té y donde lo sirven de una manera muy peculiar.
Dicen que estas teteras de cuello largo nacieron en tiempos donde las casas de té estaban siempre llenas y los servidores necesitaban rellenar las tazas sin interrumpir a nadie.
El cuello largo les permitía hacerlo desde lejos.
Hoy en día, es todo un espectáculo lleno de encanto: acrobacias, giros, un chorro perfecto de té caliente… una coreografía silenciosa.
Si sigues caminando seguro encuentras el famoso mercado de citas (xiāngqīn jiǎo).
Papeles rosados y azules por todas partes con la información de cada candidato.
Altura, peso, nivel educativo, profesión, posesiones, características… Todo lo necesario para atraer a la “pareja ideal”.
Curiosamente no tienen fotos.
Y es que habría que profundizar mucho más en la cultura china para entender que el matrimonio no siempre se elige por amor.
Pero ese es otro tema, uno que no me compete todavía y del que aún me gustaría aprender para tener una opinión objetiva.
Lo que sí te puedo decir es que la experiencia es alucinante.
Ese pasillo de hojas rosadas y azules, lleno de curiosos y padres negociando el futuro sentimental de sus hijos, parece un universo paralelo donde el amor es consecuencia, no punto de partida.
Y aunque hay muchísimo más por ver, me encontré con unos laberintos de muros rojos que conectan jardines y distintas áreas del parque.
Una maravilla muy fotogénica que conecta con un lago lleno de flores de loto.
Y es que así es China.
Con cada cosa sorprende, con cada cosa te descoloca.
Espero, con el tiempo, entender más.
Quizá algún día terminar bailando con ellos, jugando ajedrez en el parque o conversando en su idioma.
Por ahora sueños, quizá más adelante anécdotas.
Te leo en la próxima.