Distrito del arte - Chongqing
Un día invertido entre grafitis, bubble tea y callejones infinitos en Chongqing. Terminé pintando mi propio ojito enamorado en Huangjueping Graffiti Art Street y descubriendo, una vez más, por qué esta ciudad me tiene encantada.
Me encontraba en el distrito Jiulongpo, recorriendo las calles de Huangjueping Graffiti Art Street en Chongqing, tomándome mi merecido bubble tea después de perderme en las complicadas calles de esta metrópolis tan contrastante.
Ni ai wo, wo ai ni, mixue bing cheng tian mi mi (你爱我,我爱你. 蜜雪冰城甜蜜蜜).
Si me conoces en persona, vas a obsesionarte con esa canción también.
Es el tipo de jingle que se te pega para siempre… y eventualmente a ti también.

El caso es que, muy temprano en la mañana, había decidido pasar el día en el distrito del arte.
Quería recorrer sus calles y ver algunos de sus famosos grafitis.
Tenía unas cuantas fotos como guía, pero sinceramente, más allá de eso no sabía qué esperar.
Salí de mi hotel rumbo a lo que mi mapa mostraba como “el distrito del arte”.
Grave error no verificar.
Terminé entrando a una comunidad residencial lejísimos de mi destino.
Tengo que admitir que el lugar era precioso.
Vegetación cayendo por todas partes, distintos niveles, ese caos vertical tan típico de esta ciudad construida entre montañas.
Pero lo cierto es que estaba perdida entre edificios de más de 30 pisos.
Los residentes me veían raro.
Y sí, era obvio que yo era una turista perdida.
Pero como en China el acceso a estas comunidades no es tan estricto, y yo estaba genuinamente confundida pensando que tal vez era un atajo… atravesé toda la comunidad solo para darme cuenta de que, efectivamente, el mapa me había enviado a una dirección errónea.
Después de desandar mis propios pasos, por fin llegué a la estación de metro correcta.
Y desde ahí solo es caminar un poco para encontrarte con los murales y grafitis más famosos del lugar.
A mí estos sitios me vuelven loca.
No es solo el arte, es cómo el tiempo y el clima van transformando cada mural.
Arte vivo. Arte que respira. Arte que se desgasta y vuelve a empezar.
Me tomé mi tiempo con mi bubble tea, caminando por estas calles en busca de los landmarks que Xiaohongshu me había prometido.
Tengo que decir que no encontré todos.
Algunos están muy escondidos.
Quizá la próxima ;)
En mi precario mandarín, logré comprar un set de tres colores para poder pintar en una de las paredes donde todos dejan su huella.
Y yo me fui a lo seguro...
Un ojito enamorado.
Algo que siempre me gusta pintar.

Romantizar mi vida y ver el mundo a través de los ojos maravillados del amor es lo que me sostiene, incluso cuando migrar duele más de lo que quisiera admitir.
Estoy en la ciudad de mis sueños.
La única que realmente he elegido para vivir.
Y aquí estoy hoy, meses después, escribiendo sobre ese día.
Ahora desde otro país, pero habiendo aplicado ya a la oportunidad que podría ser mi puerta de entrada para volver a la ciudad que muchos llaman “la ciudad de las 8 dimensiones”.
Mi día no terminó ahí, pero sí recuerdo que regresé otro día para absorber otra vez esa vibra ecléctica, esa mezcla de historia, tecnología y arte que solo Chongqing sabe hacer.
Y claro, a los tres días mi ojito enamorado ya había sido cubierto por otro artista.
Así funciona este lugar. Arte sobre arte.
Solo quedan mis fotos, mis videos… y el recuerdo.
Un ojo enamorado que quiere volver.
Pero esta vez, a vivir aquí.
En la ciudad que se volvió viral el último año y que, aún así, mantiene su magia intacta.
Si las galerías a cielo abierto te gustan tanto como a mí, el distrito del arte en Chongqing es algo que no te puedes perder.
Y a diferencia de otras, aquí puedes pintar lo que quieras.
Eso sí.
No esperes que dure demasiado.
Pero al menos te quedan las fotos, el recuerdo… y la emoción del momento.
Eso es todo por hoy.
Te espero en Chongqing.
